Día 2
«Ángel entre los que sufren» (Su labor como enfermera)
Tras pasar por la cocina, Sor Bertilla fue destinada al hospital de Treviso, y más tarde a cuidar heridos durante la Primera Guerra Mundial. Su lema era: «A Dios toda la gloria, al prójimo toda la alegría, a mi todo el sacrificio».
¡Ay, qué dolor! ¡Nadie me hace caso! Tengo miedo, enfermera, este lugar es terrible con tantos bombardeos…
Tranquilo, hermano. No estás solo. Jesús está sufriendo aquí contigo. Déjame acomodarte la almohada… respira hondo, ya va a pasar.
Gracias, hermana… usted siempre tiene una sonrisa a pesar de que las autoridades del hospital a veces la critican injustamente.
¡Sor Bertilla! Menos palabras dulces y más prisa con los medicamentos del pabellón de niños infecciosos. Y recuerde que, si hay que hacer turnos extra, le toca a usted.
Sí, madre. Con mucho gusto lo haré. Para eso estoy aquí, para servir.
Ni las críticas injustas de algunas superiores, ni el cansancio extremo, ni el peligro de la guerra mermaron su dulzura. Ella veía en cada enfermo al mismo Cristo crucificado.
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